domingo, 3 de septiembre de 2017

El cuarto jinete (microrelato)

Ordenando los armarios de casa he encontrado un par de textos que empece a escribir hace tiempo. No son gran cosa, pero voy a colgarlos por aquí para que no se me vuelvan a traspapelar (hay que ver como nos cambia la vida la tecnología). Este es el primero de ellos:

Tres eran los jinetes que se presentaron aquella tarde a su puerta; y cuatro los caballos que les acompañaban, si a aquellos seres de pesadilla se les podía llamar caballos. Ethin estaba quitando las malas hierbas cuando levantó la cabeza y les vio. Ahí estaban ellos, quietos junto al pozo, como si siempre hubieran estado allí. 
No se asustó, lo único que le vino a la mente fue la duda de como habrían cruzado la verja sin hacer sonar la vieja y oxidada puerta. No gritó, no corrió, ni hizo ningún aspaviento; hacia tiempo que los esperaba, desde que perdió a su padre. 
Uno de los jinetes bajó de su montura y se acercó a Ethin. Apenas le llegaba hasta el pecho, pero había algo en él que le hacia parecer más alto, como si su personalidad abarcara mucho más espacio que su pequeño cuerpo. Levantó la cabeza y le miró a la cara. 
- ¿Eres tu Ethin, primogenito de Angros el calderero? 
Su voz sonaba extraña al salir de ese yelmo erizado de púas, como si surgiera de algún lugar lejano y olvidado. Ethin no vaciló, sabía lo que se esperaba de él. 
- Si, lo soy. 
- Ha llegado la hora de saldar la deuda, mi amo así lo exige.

No se si algún día esto llegara a ser un relato (lo dudo) o parte del argumento de alguna aventura (más probable). ¿Que creéis vosotros que le depara el destino al bueno de Ethin?